Posts filed under 'Identidad real'

Entrevista en la SER con Mikel Lejarza, infiltrado en ETA y cuya vida refleja la película El lobo

Mikel Lejarza, el personaje en el que se inspira la película “El Lobo”, fue entrevistado por Iñaki Gabilondo en la Cadena SER. Este agente de los servicios secretos, que logró infiltrarse en ETA, consiguiendo desmantelar la cuarta parte de la militancia de la banda, ha contado su historia.

http://www.cadenaser.com/articulo/espana/lobo/pude/permitirme/tener/miedo/csrcsrpor/20041028csrcsrnac_5/Tes/

Add comment Mayo 21, 2008

De lo físico al no-lugar

La revolución de los medios y las nuevas tecnologías sustituyen la base más sólida de la identidad, su emplazamiento físico, por los no-lugares. Las nuevas formas de telepresencia, las técnicas del simulacro y la virtualidad permiten complejizar el fenómeno identitario, pues difuminan los límites espacio-temporales y, por tanto, la frontera entre el mismo y el otro.

 

 

Add comment Abril 28, 2008

Atrás el cuerpo humano como límite

Fragmento de un trabajo redactado por Inmaculada Carrasco Gallego y Pilar Escribano Liró sobre “La construcción identitaria y las nuevas tecnologías a distancia: aprender a vivir en la pantalla”

 

“(..) Reconforta y tranquiliza el pensar que el hombre es sólo una invención reciente, una figura que no tiene ni dos siglos, un simple pliegue en nuestro saber y que desaparecerá en cuanto éste encuentre una nueva forma”. Foucault.

 

La incorporación de las nuevas tecnologías de comunicación a la vida cotidiana, en concreto Internet, actualiza el debate acerca de las nociones de identidad y de hombre. (…) 

Aquel modelo de “hombre” al que se refería Foucault, aquél que no tienen más de dos siglos de existencia, no es otro que el modelo cartesiano, el del sujeto individual autónomo y estable, coherente e integrado, propio de la. Este modelo, concebido por muchos como inexpugnable, parte, sin embargo, de una serie de conceptualizaciones previas que, tras analizar el momento histórico-cultural de su definición, permiten observarlo en su artificiosidad. 

Partamos, pues, de la noción de “identidad”. En el diccionario de la Real Academia, ésta es definida como el “conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás; la conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás”. La identidad implica y presupone, como es sabido, la presencia del “otro” y el estableciendo de un vínculo relacional de confrontación que permita establecer las diferencias entre el mismo y ese otro. El concepto moderno de hombre, que ha pervivido durante los dos siglos pasados, establecía una compartimentación entre las categorías del mismo y del otro, de modo que la identidad era absoluta, estable, integrada y sustancial. La existencia efectiva de lo singular y lo diferente precisaba, asimismo, de un emplazamiento espacio-temporal que permitiese establecer los límites de la identidad, creando un orden y una estabilidad propias del modelo socio-cultural del modernismo. 

Así, el lugar o territorio localizaba y estabilizaba las identidades en el marco de las “comunidades imaginadas” definidas por Benedict Anderson. Estas comunidades son homogéneas en torno al concepto Estado-Nación, en función de la violencia simbólica de un discurso dominante que aplasta y aniquila los demás. En este modelo, se construye una historia evolutiva basada en los hechos del pasado con el hombre como sujeto único e individual. Así, el lugar y el tiempo otorgaban la sustancia preformativa de la identidad del individuo (Víctor Silva, 2001).

Un modelo tan perfecto y acabado colisionará de forma definitiva con la aparición de los medios de comunicación y de las tecnologías a distancia. La construcción intelectual de la identidad y la alteridad pierde su base más sólida, el emplazamiento físico. Las nuevas formas de telepresencia, las técnicas del simulacro y de la virtualidad permiten complejizar el fenómeno identitario, pues difuminan los límites espacio-temporales y, por tanto, la frontera entre el mismo y el otro. 

Ahora, las nuevas tecnologías posibilitan una experimentación del tiempo y el espacio diferente a la que hasta el momento habíamos vivido, rompiendo la narrativa lineal de nuestra experiencia y trasladando los mismos y los otros constitutivos de la identidad a no-lugares. Con esta la trasgresión espacio-temporal, nos es posible pensar en el yo como algo alejado de aquellos parámetros de coherencia y estabilidad. La mediación tecnológica que reside en todo acto de relación social y, por tanto, de construcción identitaria, se muestra llamativamente patente. Dejamos, pues, a un lado la idea de cuerpo humano como límite y reflejo de la unidad y coherencia de la persona que ya no son tal, pues los límites somáticos se difuminan. 

Add comment Abril 28, 2008

Identidad [real]

¿Qué es la identidad [real]? Wikipedia dice:

El término identidad puede hacer referencia a:

  • La identidad como la distinción de cualquier tipo entre cualquier persona, animal o cosa y sus semejantes. Se refiere al ente que existe como idéntico a sí mismo en el tiempo y el espacio, una noción del “ser en sí”.
  • La identidad como una cualidad del “ser para sí”, sólo válido para las personas los grupos, es decir, involucra el entorno, la historia y la voluntad, no es una característica dada sino que es potencial a desarrollar y está referida a modos de existencia. Véase identificación.
  • También puede referirse a la conciencia de ser uno mismo.

 

Identificación

En psicología, la palabra identificación proviene de la raíz identi- (“identidad”). El término se refiere a la conducta, habilidades, creencias e historia del individuo en una imagen consistente de sí mismo.

La identidad es una búsqueda de toda la vida, la cual se enfoca durante la adolescencia y puede repetirse durante la edad adulta. Erik Erikson enfatiza que este esfuerzo por encontrar un sentido de sí mismo y del mundo es un proceso sano y vital que contribuye a la fuerza del ego del adulto. Los conflictos que involucran el proceso sirven para estimular el crecimiento y el desarrollo. Así, para alcanzar un buen nivel de autoestima se debe, antes que nada, descubrir la propia identidad. La identidad es el rol que toma cada ser humano en el planeta.

 

Otro término interesante para acabar de definir la identidad real es, definido por Wikipedia:

 

Identidad cultural

Identidad cultural es el (sentimiento de) identidad de un grupo o cultura, o de un individuo, en la medida en la que él o ella es afectado por su pertenencia a tal grupo o cultura.

Está dada por un conjunto de características que permiten distinguir a un grupo humano del resto de la sociedad y por la identificación de un conjunto de elementos que permiten a este grupo autodefinirse como tal. La Identidad de un pueblo se manifiesta cuando una persona se reconoce o reconoce a otra persona como miembro de ese pueblo. La identidad cultural no es otra cosa que el reconocimiento de un pueblo como “si mismo”.

Construcción de la identidad cultural 

Características e ideas comunes pueden ser claras señales de una identidad cultural compartida, pero esencialmente se determina por diferencia: sentimos pertenecer a un grupo, y un grupo se define a sí mismo como tal, al notar y acentuar las diferencias con otros grupos y culturas. Cualquier cultura se define a sí misma en relación, o más precisamente en oposición a otras culturas. La gente que cree pertenecer a la misma cultura, tienen esta idea porque se basan parcialmente en un conjunto de normas comunes, pero la apreciación de tales códigos comunes es posible solamente mediante la confrontación con su ausencia, es decir, con otras culturas. En breve: si piensas que eres parte de la única cultura existente, entonces no te ves como parte de una cultura.

De esta manera la dinámica de la auto-definición cultural implica un continuo contacto entre culturas. Más aún, esas relaciones nunca son de igualdad, dado que nunca se manifiestan de manera aislada: la complicada red de relaciones creada por la superposición de relaciones políticas, económicas, científicas y culturales, convierte cualquier relación entre dos culturas en una relación desigual. Siempre hay una cultura dominante, o una práctica cultural dominante (la cultura A puede ser, por ejemplo, dominante en literatura, y la B en cine).

El carácter desigual de las relaciones interculturales, es decir, el hecho de que la construcción de la identidad está ligada a relaciones de poder desiguales, implica que la construcción de la identidad pueda considerarse ideológica: al establecer su identidad, una práctica cultural construye, reproduce o subvierte los intereses sociales y las relaciones de poder.

El hecho mismo de que dentro de una cultura o práctica cultural exista la conciencia de una identidad común, implica que también hay un impulso hacia la preservación de esta identidad, hacia la auto-preservación de la cultura. Si la identidad es construida en oposición a los extraños, las intrusiones de otras culturas implican la pérdida de autonomía y por lo tanto la pérdida de identidad. Las convenciones compartidas en las que se basa una identidad son frecuentemente implícitas. Para que el funcionamiento interno de una cultura sea posible, ciertas reglas básicas y significados que subrayan su producción son generalmente dadas por hecho por los participantes. Este todo estructurado (pero plural y dinámico) de presuposiciones es lo que llamamos “doxa”. De manera similar a la manera en la que la presuposición de una declaración lingüística (“¿Cuándo dejaste de golpear a tu esposa?”) no puede ser objetada (puedes contestar “nunca pare” pero no “nunca la golpee” a menos que llames al otro mentiroso), la doxa de una cultura determinada no puede ser objetada (haciéndola en el proceso explícita, en tanto su eficiencia descansa en su carácter implícito) sin desafiar la legitimidad auto-evidente de la cultura y sus productores.

Add comment Abril 28, 2008


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